– Excelencia, ya lleva casi medio año en Japón. ¿Qué impresión tiene del país y qué experiencias le han resultado más memorables hasta ahora?
Desde que llegué, Japón me ha sorprendido por algo que, aunque lo conocía en teoría, solo se entiende plenamente cuando uno lo vive día a día: la manera profundamente respetuosa en que los japoneses preservan sus tradiciones. Me fascina ver cómo, en medio de una sociedad tecnológica y altamente sofisticada, las personas mantienen un vínculo auténtico con sus rituales, con su historia y con una identidad que se transmite con naturalidad entre generaciones.
Muy temprano en mi gestión me hice una promesa personal: visitar las 47 prefecturas de Japón. Sentía que, para comprender este país más allá de Tokio, tenía que ver sus regiones, caminar sus ciudades, conocer sus comunidades. En estos primeros siete meses ya he visitado 13 prefecturas, y cada una me ha sorprendido aún más. Lo que más me impacta es que, sin importar la distancia o el tamaño de la localidad, ese equilibrio entre modernidad y tradición se mantiene vivo, casi como un lenguaje compartido por todo el país.
Estas visitas, sumadas a los encuentros con autoridades locales, comunidades y sectores productivos, me han permitido descubrir un Japón que no solo es ordenado y eficiente, sino también profundamente humano y consciente del valor de sus raíces. Ha sido una experiencia profesionalmente enriquecedora y, al mismo tiempo, inspiradora en lo personal.
-La República Dominicana es conocida por sus playas caribeñas y por sus grandes figuras del béisbol. ¿Qué otros aspectos de su país le gustaría destacar ante el público japonés?
Es cierto que nuestras playas y nuestro béisbol forman parte esencial de nuestra identidad, pero la República Dominicana es mucho más que eso. Somos un país de contrastes, con una riqueza natural extraordinaria que sorprende a quienes solo nos conocen por el Caribe. Nuestro territorio combina montañas elevadas, valles fértiles, ríos cristalinos y una biodiversidad que convive armoniosamente con una población cálida y profundamente creativa.
Un ejemplo emblemático es el Pico Duarte, la montaña más alta de todo el Caribe, con una elevación de aproximadamente 3,098 metros sobre el nivel del mar. Esta cumbre, que se impone en la Cordillera Central, refleja la otra cara del país, la de las montañas frescas, los pinares, los senderos y un campo verde que invita a la contemplación, al ecoturismo y a una conexión más íntima con la naturaleza.
Me interesa que el público japonés conozca esa dimensión de la República Dominicana, la de los paisajes montañosos que contrastan con nuestras playas, la de los pequeños pueblos agrícolas que representan el alma del país, y la de esa naturaleza que sorprende por su diversidad en un territorio relativamente pequeño.
A esto se suma el hecho de que somos una economía dinámica, con más de seis décadas de estabilidad democrática y un crecimiento que ha rondado el cinco por ciento en los últimos años. Hoy la República Dominicana es la séptima economía más grande de América Latina y el Caribe, con sectores vibrantes como las energías renovables, las zonas francas, la agroindustria, la tecnología y el turismo sostenible.
En ese equilibrio entre naturaleza, cultura, estabilidad y modernidad está una de nuestras mayores fortalezas. Y es ese país, completo y diverso, el que queremos presentar al público japonés.
-Su país ha experimentado un sólido crecimiento económico bajo el liderazgo del Presidente Abinader. ¿Cuáles considera que han sido las claves de ese éxito y cuáles son actualmente las principales prioridades de su gobierno?
La República Dominicana ha logrado consolidar un modelo económico que descansa en algo fundamental: estabilidad. Después de más de sesenta años de vida democrática ininterrumpida, el país ha construido instituciones sólidas, un clima de confianza y un entorno propicio para la inversión. Sobre esa base ha sido posible impulsar un crecimiento que, en los últimos años, ha promediado cerca del cinco por ciento anual, permitiendo que hoy seamos la séptima economía más grande de América Latina y el Caribe.
El Presidente Abinader ha puesto un énfasis especial en la transparencia, en la disciplina fiscal y en la modernización del Estado. Esa combinación ha reforzado la credibilidad del país y ha permitido que sectores como las zonas francas, las energías renovables, el turismo, la agroindustria y la manufactura continúen expandiéndose con fuerza. Al mismo tiempo, el gobierno ha trazado una meta ambiciosa y realista: duplicar el Producto Interno Bruto de la República Dominicana en los próximos diez años, un objetivo que refleja no solo confianza en nuestra capacidad económica, sino también un compromiso con la transformación productiva y la generación de oportunidades para toda la población.
Un punto que para Japón puede resultar particularmente interesante es el avance del sector minero. La República Dominicana alberga una de las minas de oro a cielo abierto más importantes del mundo, pero además está dando pasos firmes en la exploración y desarrollo de minerales críticos y tierras raras, recursos fundamentales para industrias estratégicas como la automoción eléctrica, la robótica, la electrónica avanzada y la transición energética. Ya hemos confirmado la existencia de reservas significativas y, durante el próximo año, podremos ofrecer una estimación precisa de su potencial comercial. Este proceso lo estamos realizando con aliados clave, incluido Estados Unidos, y abre una ventana de oportunidad para diversificar cadenas de suministro en un entorno global cada vez más competitivo.
En cuanto a las prioridades del gobierno, se trabaja en varios frentes esenciales: avanzar en la transición energética, fortalecer la seguridad ciudadana, ampliar la infraestructura estratégica, modernizar el sistema educativo con enfoque en tecnología y formación técnica, y continuar elevando la institucionalidad. Todo esto se articula con la visión de un país más competitivo, más inclusivo y con la capacidad de sostener el crecimiento necesario para alcanzar la meta de duplicar el PIB en la próxima década.
-Las relaciones con Estados Unidos son sumamente importantes para la República Dominicana. Bajo la administración Trump, que promueve la política de “Estados Unidos primero”, ¿ha habido algún cambio en la relación bilateral?
La relación entre la República Dominicana y los Estados Unidos es una relación estructural, marcada por vínculos históricos, económicos y humanos que trascienden a cualquier administración. Cada gobierno en Washington trae sus prioridades, pero los temas esenciales se han mantenido: un diálogo abierto, respetuoso y orientado a resultados. Con la administración Trump, al igual que con administraciones anteriores, hemos continuado trabajando asuntos clave como comercio, inversión, seguridad, migración y cooperación regional.
Nuestros vínculos se sostienen sobre valores compartidos y sobre la presencia de una comunidad dominicana muy activa en los Estados Unidos. La clave para nosotros ha sido siempre abordar la relación con claridad, madurez y sentido de responsabilidad. Esa estabilidad es uno de nuestros mayores activos diplomáticos.
-La situación en Haití continúa siendo compleja. ¿Qué impacto tiene para su país y qué esfuerzos realiza el gobierno dominicano para contribuir a la estabilidad regional?
La realidad de Haití nos toca de manera directa, no solo por la frontera que compartimos, sino también por la dimensión humana y regional de la crisis. Para la República Dominicana, la estabilidad de Haití es un asunto de seguridad, de desarrollo y de convivencia pacífica en toda la isla. Es imposible desvincular nuestra prosperidad de la necesidad de que Haití pueda reconstruir sus instituciones, recuperar el orden y ofrecer condiciones de vida dignas a su población.
En los foros multilaterales hemos sido constantes en nuestra posición. Hemos insistido en que la comunidad internacional debe asumir una responsabilidad más firme y sostenida en la estabilización de Haití. Ningún país puede enfrentar solo una crisis de esta magnitud, y se requiere un esfuerzo coordinado, técnico y financiero.
La República Dominicana también ha aportado de manera práctica. En misiones internacionales desplegadas en Haití, incluida la liderada por Kenia, hemos ofrecido apoyo logístico y médico a los contingentes participantes. Nuestro territorio ha servido como punto de evacuación y tratamiento para soldados heridos o con necesidades urgentes, y hemos puesto a disposición hospitales, personal médico y facilidades que han permitido responder a situaciones críticas. Es una forma concreta de contribuir a la estabilidad regional dentro del marco del derecho internacional.
Todo esto lo hacemos protegiendo nuestra soberanía, nuestra seguridad y el orden que como país hemos construido con tanto esfuerzo. Nuestro compromiso es claro: actuar con responsabilidad humanitaria, fortalecer la cooperación internacional y defender la estabilidad de nuestra nación y de la región.
-¿Cómo valora las relaciones entre Japón y la República Dominicana y en qué áreas ve mayor potencial de cooperación?
Las relaciones entre Japón y la República Dominicana se han construido sobre una base de respeto mutuo y cooperación constante. Japón ha apoyado a nuestro país en áreas cruciales como agricultura, formación técnica, gestión de riesgos e infraestructura, y esa relación seria y confiable nos permite hoy mirar hacia una agenda económica más amplia y más estratégica.
En este momento, veo un potencial extraordinario en materia de inversión. La República Dominicana ofrece estabilidad política, crecimiento sostenido, reglas claras y una ubicación que conecta de forma directa con los grandes mercados del hemisferio. Nuestras zonas francas, altamente competitivas, son un motor de manufactura avanzada que atrae a empresas de sectores como dispositivos médicos, electrónica, logística y tecnología.
Además, en un contexto donde Japón impulsa políticas de friendshoring para fortalecer y diversificar sus cadenas de suministro, la República Dominicana se presenta como un socio especialmente atractivo. Somos un país estable, cercano a los mercados de América del Norte y con un ecosistema empresarial preparado para recibir industrias de alto valor agregado. Esa combinación nos posiciona como una plataforma confiable para empresas japonesas que buscan reducir riesgos geopolíticos y operar en un entorno seguro y predecible.
En este marco, las oportunidades son claras: semiconductores, electrónica avanzada, dispositivos médicos, componentes especializados y el potencial desarrollo del sector de autopartes. También existe espacio para ampliar la cooperación en movilidad eléctrica, energías renovables, agroindustria innovadora e infraestructura resiliente.
Creo firmemente que estamos ante un momento propicio para elevar nuestra relación a un nivel más ambicioso. Desde la Embajada trabajamos cada día para acompañar a las empresas japonesas, abrir puertas y mostrar el potencial real que ofrece la República Dominicana.
– ¿En qué proyectos o temas está concentrando actualmente sus esfuerzos como embajador?
Mi trabajo se concentra en tres grandes líneas. La primera es atraer inversión japonesa hacia sectores estratégicos de la República Dominicana, especialmente aquellos vinculados a la manufactura avanzada, las energías limpias, la tecnología y la infraestructura. La segunda es promover la imagen de la República Dominicana como un socio confiable y moderno, capaz de integrarse a cadenas globales de valor y de ofrecer oportunidades reales a empresas de distintos tamaños.
La tercera, y no menos importante, es fortalecer los vínculos humanos. La diplomacia también se construye a través del intercambio cultural, académico, deportivo y social. Creo profundamente en la importancia de abrir espacios para que más japoneses conozcan la República Dominicana y para que más dominicanos tengan oportunidades en Japón. Esos lazos, al final, son los que sostienen las relaciones a largo plazo.
– Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría compartir con nuestros lectores?
Me gustaría que quienes nos leen sepan que la República Dominicana está viviendo un momento muy especial. Somos un país joven, dinámico y profundamente comprometido con su desarrollo. Más de sesenta años de estabilidad democrática nos han permitido fortalecer nuestra economía y proyectarnos al futuro con confianza.
Pero más allá de los avances económicos, quiero que descubran el carácter de nuestra gente: hospitalaria, trabajadora, creativa y resiliente. La República Dominicana no es solamente un destino turístico, es un país serio, con visión de futuro y con un deseo genuino de estrechar lazos con Japón.
Mi invitación es que se acerquen a nuestra cultura, a nuestra naturaleza, a nuestras oportunidades y a nuestra forma de ver el mundo. Creo sinceramente que ambos países pueden crecer mucho más juntos, y desde la Embajada trabajamos cada día para acercar esas dos realidades.